Casto Ocando ha escrito un libro en el que, entre otros asuntos esenciales, aborda extraordinariamente bien el tema de la corrupción en Venezuela y la vinculación de algunos militares de alta graduación a este nauseabundo delito. Tras leer la obra, fruto de una larga investigación periodística, la conclusión es inocultable: ese desdichado país está a punto de transformarse en un mafia-estado. Más que un gobierno, ahí manda una banda dedicada al delito. Eso es muy grave. Ojalá que la difusión de este libro contribuya a corregir el curso fatal que ha tomado Venezuela.

—Carlos Alberto Montaner

Las Delicias del Capitalismo

Invertir o guardar dinero en el imperio, abierta o discretamente, o a través de testaferros; enviar familiares o amigos para protegerlos de la inseguridad revolucionaria a ciudades como Weston o Boston, o encargarles la compra de codiciados productos como relojes de colección en Bal Harbour o apartamentos de lujo en Brickell y Manhattan, ha sido una verdadera constante entre chavistas de alta alcurnia desde el principio del régimen.

Entre los primeros estuvo el general Cruz Weffer, máxima autoridad del Plan Bolívar 2000, que fue responsable por el manejo de miles de millones de dólares que debían ser invertidos en ambiciosos proyectos de impacto social, como centrales azucareros de tecnología cubana.

Los proyectos nunca vieron la luz, pero el general Weffer no perdía oportunidad en viajar a Miami y Las Vegas en los aviones privados de los hombres de negocios con quienes estaba vinculado.

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Chávez quiere satélites para espiar

La posibilidad de contar con mecanismos cada vez más sofisticados de espionaje se convirtió para Chávez en una obsesión de tal naturaleza, que apartó diferencias ideológicas y autorizó que el Ejército iniciara negociaciones con gobiernos considerados enemigos, como el de Israel, para lograr su meta.

El mandatario venezolano ofreció entre $100 y $150 millones en una negociación para adquirir parcialmente una compañía que operaba un poderoso satélite de observación capaz de detectar objetos de 70 centímetros en cualquier lugar de la Tierra, con fines militares, según documentos de una demanda civil que fue iniciada en julio de 2007 en una corte federal de Nueva York.

Chávez ofreció adquirir una participación del 20 al 30 por ciento en ImageSat International, propietaria de los satélites Eros A y Eros B, este último lanzado en 2006 a un costo de $30 millones por Israel para espiar el programa nuclear de Irán.

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Chavistas En El Imperio

Secretos, Tácticas y Escándalos de la Revolución Bolivariana en Estados Unidos.

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